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Toril del Almendro

LaPropiedad

 
  Fecha: 09-02-2020
  Finca: EL TORIL DEL ALMENDRO
  Puestos:
  Provincia: SE
  Organización:   La Propiedad
  Nivel:
  Calidad: - (medallas)
   
  5 29 0 0  
 
 

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Llegábamos a Guadalcanal quien suscribe acompañado de Alberto Covarsí, para cerrar la temporada montera en Andalucía junto a la Familia García, quienes nos habían dado cita para cazar la afamada finca del Toril del Almendro.

Al llegar, muchas caras conocidas, saludos abrazos y encuentros con monteros que sorprendidos nos acogían por no ser zona de caza habitual por nuestra parte, pero allí estábamos.

Tras desayunar en el Meson del Perdigón, y allí mismo se ultimaban los preparativos para el sorteo de las cincuenta y siete posturas con que se iba a cazar la apretada mancha de Hamapega, una extensa sierra de apretadas coscojas y jaras blancas que coronan la parte de olivares del pueblo y besadas por un sopié de retamas antesala de una gran dehesa que guarda gratas sorpresas de venado.

Tras las palabras de Moises García y José Luís Bonilla como jefe de campo comenzaba tras el rezo correspondiente por los monteros fallecidos el sorteo de posturas, para lo que se habían separado puestos de fácil acceso por lo complicada de la mancha, para aquellos que tuvieran dificultades a la hora de andar.

Poco a poco fueron nombrados todos los presentes, completándose las armadas de la antena, el tubo, la charca, las parras etc y tras finalizar y con un sol espléndido comenzaron a distribuir a los monteros para la salida hacia los puestos.

Era necesario cerrar diligentemente, dado que, a pesar de la dureza de la mancha en la parte más alta, el sopié, formado por retamas, se mueve realmente fácil el “ganado”, por lo que había que hacerlo rápido y en silencio. Así, daban las indicaciones y comenzaban la partida de las armadas.

Aun así, por la dehesa se observaba con la colocación del cierre que se salían cinco venados juntos ya del cazadero y por la parte opuesta ídem de ídem con una piara de 14 jabalíes que, encamados en el retamal se habían olido la que se avecinaba.

No fue necesario que entrasen las rehalas para que se produjeran los primeros lances, así, el mejor venado de la montería se abatía en el cierre de la Parra antes de que entrasen las traviesas. Más de treinta detonaciones se habían escuchado, sobre todo en la parte más cercana a la casa de la finca antes de soltar.

Las rehalas abrieron portones a las doce del mediodía y comenzaron su ardua batalla con esta exigente mancha, cazando al choque esta alargada sierra.

La temperatura y el día de sol justiciero de febrero no iba a facilitar el trabajo a los canes, que sumado a la escasez de agua en la parte superior de la mancha complicaba de sobremanera su empeño en sacar los jabalíes de sus encames.

La montería estuvo como las ferias, la parte de la casa se quemaba las pestañas con lances y ladras sin cese, desde el mismo momento de la suelta. Sin embargo, la suelta de las antenas estuvo algo más descafeinada, levantando un venado que era abatido en el sopié, y dos inmensas cochinas abatidas en el cuatro y el cinco de la armada del tubo, en una mancha en la que era de elogiar el mero tránsito de perros y perreros. ¡Ole su trabajo!

Fueron rebuscando poco a poco todos los recovecos de la agreste sierra empeñándose en sacar lo que allí se escondía hasta llegar al choque con las rehalas de la otra suelta, repartiendo lances a los afortunados monteros a quienes cumplían las reses.

La batalla entre perros, reses y monteros estaba servida y los venados dieron su juego, viendo el amigo Mariano como se le marchaba un señor venado por la armada de la charca, y seguido de un jabalí. Está claro que no era su día. Otro venado de gran porte se marchaba herido y no fue posible su cobro, a pesar de seguir la sangre durante mas de un kilómetro, hasta llegar a un punto en el que ya se perdía el rastro. Y en el cierre de la Parra se fallaba otro venado y otro jabalí, abatiendo un segundo venado y un segundo jabalí, partiendo así el puesto con el campo.

Y es que ésta finca es de las de andar de uñas, con tiraderos escasitos, con puestos cerrados y tensión máxima, por lo que es comprensible los numerosos fallos entre los monteros, aunque también hubo aciertos como era de esperar.

Los perros permanecieron en su empeño tras las reses de principio a fin, con tramos de mancha durísimos donde los perreros tenían que caminar “de gatas” porque el monte no les permitía hacerlo erguidos. Toda una cacería a la heroica. 

Sobre las tres y media volvían los perreros a los remolques literalmente reventados, dejando atrás a muchos de sus guerreros que seguían rastros y haciendo levantes dentro de la espesura, pero era hora de retirar a los monteros y disfrutar de una buena comida.

Allí esperaba el amigo Juan, con su clásico catering en el que no faltó de nada mientras comenzaba el trabajo de sacar las reses del espeso montarral. 

Sentados a la mesa los monteros comentaban sus lances, unos acertados, otros fallidos, pero en líneas generales todos satisfechos mientras fueron llegando al cortijo los remolques con las primeras reses.

Finalmente se sacaron al plantel un total de 29 jabalíes, 5 venados y 5 ciervas, consiguiendo así el record de animales abatidos en esta finca, destacando seis buenos navajeros y el enorme tamaño de las jabalinas, por lo que los monteros se servían de la ocasión para inmortalizarse junto a ellas por el gran porte de las mismas, de los cinco venados había tres bonitos y dos de montería, una pena se fueran los mejores que se tenían vistos desde ya hacía bastante tiempo, pero esto de la caza en abierto es así.

La tónica general fueron caras de satisfacción para un cierre de la temporada en Andalucía junto a grandes personas y en una entretenida jornada, con monteros que a pesar de ser domingo aguantaron hasta tarde en el cortijo. 

Destacar sin duda el trabajo encomiable que hicieron todas las rehalas, las de Cazalla, Guadalcanal, Sevilla y Huelva. Sin ellos no habría montería, un trabajo duro. 

Mencionar a la rehala del lunes que falleció su padre hace muy poco tiempo, el Gran lunes que fue unos de los grandes maestros de la zona en cuanto a monterías. Destacar a la familia Pinelo por todo el trabajo realizado, en especial a Ana que se lo trabajó bien duro, al amigo José Maria la voz de la sierra, a Don Luismi Baez que se presentó allí recién operado de apéndice, a los incombustibles Miriam y Miguel que tuvieron que volver a por un perro al día siguiente después de estar media noche allí esperándolo, y a todos los demás que me quedo para atrás por ser imposible nombrar. 

Agradecer también desde la organización a David Mejías, Queco y José Chamorrin todo el trabajo realizado en este tiempo. 

Y por supuesto al capitán de montería José Luis Bonilla. ¡Y los suyos! 

Hacer también una mención especial por ver a tantos niños en esta montería, teniendo en vuestras manos una cantera que no se puede perder.

Y mencionar a África y Nicolás los pequeños García que se portaron genial con todos. 

Fte.: Carlos Casilda

 

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